EL GATO ATRAVESADO

Empecé por preguntarme ciertas cosas. Pocas veces recuerdo las sensaciones. Y esta vez había despertado con un gato atravesado.
Me levanté de la cama, con las sábanas totalmente desparramadas (nunca logro mantenerlas ordenadas), caminé y vi que el vaso de jugo que había dejado la noche anterior estaba desparramado por el piso. Me mojó la ropa y las carpetas con dibujos. Encima está oscuro, llueve. Empiezan a entrar murciélagos. Intento sacarlos con un palo de escoba que traje para barrer la punta de los lápices que ayer quedó al lado de mi escritorio; pero no lo logro. Parece que entra la familia entera y empiezan a dar vueltas cerca del ventilador.
Uno de ellos es alcanzado por las astas y cae al suelo, sus familiares lo lloran. Empiezo a imaginarme un funeral de murciélagos. Todos llevan su traje de luto permanente.
Trato de organizarme, poner un poco de orden en la habitación y en la casa, tengo que estudiar.
Pero todo sigue en su laberinto de espejos. Ahora no sólo los murciélagos, el gato en mi garganta y el jugo desparramado. Empiezan a sonar los gallos. Me taladran los oídos. Suenan a toda hora, no tienen piedad.
En eso baja la nube y la lluvia se hace más intensa, es aun más gris.
Pero de pronto todo se calma, los murciélagos ya no están, el jugo ya lo limpié pero no sé en qué momento, los gallos se callan, o se cansan, o se van. Vomito el gato. Es ahí cuando me vuelvo a dormir.
Vuelvo a despertar. No sé quién soy, no me veo, no puedo moverme. Hay una chica, de aspecto bastante espeso, duerme y desparrama sus sábanas, parece que un gato se le mete en la garganta.


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